79

Y fue aquel magnífico día de verano.
Lluvioso y fresco.
Lejos de casa.
A punto de vibrar, saltar y chillar.
En un instante, frenético y sereno.
Uno de los mejores días de mi vida.
En una de las peores épocas de mi vida.
Fue, entonces, cuando lo entendí.
No podía durar más.
No llegaríamos a nada más de lo que habíamos llegado ya.
Solo nos haríamos daño mutuamente.
Nunca volvería a ser feliz con él.
Lo vi claro.
Mientras disfrutaba como nunca.
Mientras cantaba.
Mientras me emocionaba.
Mientras le odiaba.
Él lo estaba estropeando.
Como siempre.
Fue el fin.
Pero, a pesar de todo lo que pasó, al menos, se convirtió uno de lo mejores momentos.

“Give me real, don’t give me fake 
Give me strength, reserve control
Give me heart and give me soul”

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